Y como todo el mundo levantó los brazos y movió las manos, se decidió mantener el campamento por consenso.
El campamento se mantendrá y es posible que sea el camino que la historia pide a toda revolución.
Si hay disolución, parece que habrá olvido general, a quien no incordia no se le hace caso.
Mantener el campamento dada la sociedad de la que nos quejamos, acarreará desalojo, el desalojo violencia y la violencia repercusión. Ya lo sabemos. ¿Qué era lo que se buscaba?
Se unirá más gente indignada sobre los modos y la visibilidad de la cara fea del sistema entoletado, aquí y en más países esto crecerá como está encaminado a crecer y del modo que han crecido siempre las revoluciones de los menos poderosos.
Si es esa la intención del grueso de los movilizados, es que esto ha tomado diferente camino, nadie dijo que el camino fuera recto. Observemos.
Ójala me equivoque y no esté siendo capaz de ver que con las firmas que se consigan y la presencia será suficiente para cambiar sin padecer, pero me cuesta creerlo.
Los políticos reaccionarán tristemente sin creatividad, como el sistema espera que hagan.
La historia sabe bien los cauces del cambio, y el sistema, con el poder de los medios, el hermetismo de la clase dominante y la falsa conciencia social ante la violencia y la imposición, se obligará al modo tácito y oculto para las revueltas: Insistir, recibir daño, triunfar en parte.
Al margen, sin duda, el cambio es de quien resiste y se compromete con él, sin duda, ahora me pregunto ¿es esta la forma más adecuada de resistir?
Las asambleas de barrio son otro camino, pero no el único ni el principal. Extender la idea de la participación política está bien y ha de hacerse, pero parece que es ir despertando a un niño tras otro cantando nanas. Quedarse en Sol, permanecer y ser desalojados, es una sirena de colegio.
Por eso creo que seguir ahí hasta los golpes que vayan calando diferentes capas sociales y conciencias, es un paso que abre la revolución hacia otras vías. ¿Se consensúa esa nueva vía?
Si no vienen a desalojar el campamento, este parece quedar estancado, si vienen por la fuerza, se hará más grande de golpe.
Eso sí, que el resto de acciones sigan dándose, las reflexiones, las propuestas, las acciones artísticas, las manifestaciones han de seguir paso a paso, que las quejas y la presencia del movimiento mantenga sus ideas. ¿Son suficientes estas para que se dé el cambio?
Veremos lo que depara, pero, me atrevo a decir que no será una entrada fácil en una casa abandonada. La casa está bien vivida por personas armadas y perros vigías en las verjas. Nadie va a invitarnos a tomar el té con pastas de canela.
Bien, asumido esto, el movimiento parece tomar otra dirección y es la del enfrentamiento inevitable. ¿Será ese el camino más adecuado o el único? ¿Es esto lo pretendido por el grupo o solo por unos? ¿Es el paso inevitable hacia conseguir algo? ¿Si es así nos comprometemos con él? ¿Tiene algún sentido lo que me pregunto?
Busquémonos.
* Ayer, inevitablemente, me saltó un resorte para levantarme sobre las dos patas e intentar mirar como un Suricato, al norte, al sur, al este y al oeste. De vuelta a la madriguera, uno se pregunta.
Los cambios entrañan violencia. Todo cambio, para bien o para mal, es violento. La violencia es el motor del cambio, la acción violenta, cuando somos las víctimas hace que nos unamos más y más, y cuando son las víctimas ellos, a quienes nunca veremos como tales, también nos une. Es la historia de los hombres, y desde hace poco, de las mujeres.
ResponderEliminarSi queremos cambios, tendremos que renunciar a nuestra comodidad, aviolentarnos y luchar contra aquellos que se han abrazado al poder con fuerza y que pelearan antes de soltarlo.
La pregunta es, ¿estamos dispuestos a sufrir? ¿Puede darse un cambio real sin acabar con el estado actual de las cosas? Yo, sincera y tristemente, lo dudo.