Al rojo vivo la tele, al rojo vivo la luna, al rojo vivo el movimiento… Ayer fue un día triste para los que levantamos las manos y la voz en Sol, en la Escandalera, en tantísimas plazas, ya sabéis. Triste porque empaticé con Cayo Lara, con la nuca grafiteada del diputado, igual que lo hice con los aporreados en Plaça Catalunya y Calle Vitoria. Me hizo recordar como cuchichearon en el grupo de “Universidad del 15-M” el día que me acerqué como nuevo y algunos pensaron que por trabajar de profesor en una Universidad privada era un infiltrado, fue muy triste, igual que ayer. Tampoco es algo que me extrañe, pasa en la poesía, en la psicología, incluso en el patio de vecinos, tristes los humanos que cerrándose en círculo solo se ven unos a otros.
La paranoia persecutoria y los infiltrados a quienes les importa un pepino holandés la política y la sociedad siempre los hubo en todos los movimientos, por eso es tan importante desmarcarse rápidamente cada vez que se dañe de esta manera, que salgan a la palestra estos tipos anexos al movimiento y ya estaban desde el primer día aquí pegados como los peces que siguen a los tiburones.
Parece que al final uno no puede dejarse representar por un grupo tan grande y queda censurado cuando lo hace un grupo pequeño y malamente elegido. Quizá tengan alguna razón los griegos en eso de “preocúpate por ti mismo” (epimelesthai sautou) “dedícate a ti mismo”. Quien hace eso se dedica a la sociedad en suma, y lo dicen ellos a quienes se recurre cuando se habla de democracia, los que tenían esclavos, en fin… No debe ser bueno dedicarse a un todo tan abstracto cuando uno no se ha dedicado un poco a sí mismo, dice Sócrates.
Paradojas inevitables al margen, triste me quedé al ver a gente (que decían pertenecer a la misma gana e ilusión que yo), perseguir e increpar a un hombre entrajetado hasta la humillación o llenar de agua a un ciudadano más, sea este quien sea. Mientras la clase política quita de la palestra la discusión sobre los asfixiantes recortes que caerán sobre Catalunya*, los envenenamientos de plomo en China o la agitación de Grecia. Contento me quedé, por lo menos, cuando en el grupo de pensamiento del 15-M(al que asisto vía Internet) se leyó un mail de desvinculación con los actos y Estefa o Mariló intentaban analizar la situación con las misma rabia y el mismo sentimiento que este chaval del 15-M Barcelona que sale en Al rojo vivo y dice, “impotencia, sentí impotencia”. Porque ni unos, ni otros, ni los de más allá que han hecho esto pueden vivir en la sociedad con la que yo sueño, no así.
¿Qué narices está pasando? Hablando de narices, intenta mirarte la punta de la nariz. Hazlo, anda, yo acabo de hacerlo. Bien, ya te has visto un trozo de alma, ahora sigue buscando, Como los griegos, digo.
* Fue lo primero que pensé cuando vi el vídeo de los policías infiltrados. Si ponemos a estos energúmenos y les animamos al disturbio se mancha la imagen de un colectivo que incordia y podemos quitárnoslo del medio usando la fuerza como ayer salio dejando entrever Artur Mas. Cierto, pero también es cierto que los que increparon a los diputados no parecía muy policías. Con uno y con otro, debemos de ser críticos si queremos hacer las cosas bien desde el principio, caiga quien caiga, o mejor dicho, se tire quien se tire.
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